Acción no violenta

La Acción no violenta hoy, por Martin Newell

Hablaré de mi experiencia y de mis motivaciones. La base primera y más importante sobre la que se apoya mi motivación es mi fe, y mi convicción de que Jesús es un pacifista, no violento. Ello se revela en sus enseñanzas y de forma más contundente en la Pasión, donde Jesús revela al menos dos aspectos relacionados con este tema: primero, que el mito del sufrimiento redentor es verdadero, al contrario del de la violencia redentora. Segundo, que el amor de Dios es un amor no violento, como Jesús mismo observó cuando dijo que Dios hace llover sobre justos e injustos.

El segundo aspecto de mi motivación es el convencimiento de que ello no significa que Jesús fuera pasivo. En su vida y ministerio combate activamente contra la injusticia y los poderosos. Y hasta quebrantaba la ‘Ley’, tal como era interpretada en su tiempo.

Por ejemplo, defendió a los discípulos que recogían y comían espigas de trigo en sábado. Con frecuencia curaba personas en sábado (véase en Marcos la curación del hombre con la mano paralizada), y deliberadamente elegía hacerlo en sábado, en la sinagoga, y delante de la comunidad reunida y de los jefes locales. Podía muy bien haber esperado. Sobre todo, porque ni siquiera se lo habían pedido. En otras curaciones se señala que las personas interesadas le pedían que las curara, pero en esta oportunidad es Jesús quien toma la iniciativa.

Esta manera de leer las Escrituras me alienta e inspira a seguir el ejemplo de Jesús que enfrenta a las autoridades y poderosos, y a hacerlo en mi tiempo y lugar mediante una acción directa no violenta y la desobediencia civil.

[Podría abundar en esto, si quieren]

En un contexto más actual, han sido el testimonio y el ejemplo de los Trabajadores Católicos y de las personas que encontré gracias a ese movimiento los que me indujeron a ciertas acciones prácticas. Como consecuencia de ello, he sido arrestado unas 15 ó 20 veces, y en total estuve alrededor de 8 meses en la cárcel. El período más largo en 2000/2001, cuando estuve preso poco más de seis meses. Los problemas que enfrentábamos con nuestras acciones giraban principalmente en torno a la guerra y a los preparativos bélicos: el Iraq, las invasiones del Afganistán, la liberación de Timor-Este, las armas nucleares británicas, el comercio de armas, los vehículos aéreos no tripulados con fines militares, y, en general, el reclutamiento militar. Estuve también asociado a protestas no violentas relacionadas con las políticas migratorias y en materia de asilo, los salarios mínimos, y el cambio climático. En el Reino Unido se considera un delito ayudar a personas indigentes y solicitantes de asilo a quedarse en el país después que han recibido una orden de deportación, aunque no conozco a nadie que haya sido perseguido por ello.

La acción directa no violenta más espectacular en la que participé fue  la del ‘Jubilee Ploughshares 2000’ (Jubileo 2000 de rejas del arado) realizada en noviembre de 2000. Esto formaba parte de la tradición del ‘Ploughshares movement’ (movimiento rejas del arado) y de la campaña británica  ‘Trident Ploughshares’ (rejas de arado Trident). Asaltamos un convoy de armas nucleares y lo dejamos fuera de combate por seis meses, lo que nos valió otros tantos en la cárcel.

En términos del análisis actual, mi motivación principal se basa en el hecho de que como personas británicas, como europeos occidentales, como ‘gente del Primer Mundo’, somos miembros de una clase privilegiada a escala mundial. Estos sistemas de armas y las guerras son usados para mantener nuestras riquezas, privilegios y comodidades, a expensas de las vidas y del empobrecimiento de los pobres de otras partes. Es la contrapartida de la afirmación del Papa Pablo VI “si quieres la paz, trabaja por la justicia”, o sea: “si quieres prepararte para la injusticia y la violencia, prepárate para la guerra”. Esto es verdad incluso para las armas que no son de fuego, por ejemplo las armas nucleares. Como en un asalto a mano armada, donde basta la simple amenaza.

 La verdad de este análisis, y la verdad de que la paz y la justicia son las dos caras de la misma moneda, como lo son la violencia y la injusticia, me resultaron particularmente evidentes en el caso de Timor-Este. Se trataba de la invasión y opresión de un país pequeño y débil por parte de Indonesia, su vecino grande y poderoso: una verdadera injusticia. Sin embargo, en el Reino Unido, cuando empecé a trabajar con los Trabajadores Católicos de Liverpool y con los refugiados de Timor que vivían allí, caí en la cuenta de que yo mismo estaba colaborando en una fábrica aeroespacial británica donde hacían los aviones a reacción Hawk que se exportaban a Indonesia y se usaban contra Timor-Este. Evidentemente, una cuestión de comercio de armas. Por supuesto que el país más grande y poderoso tenía que prepararse para esa guerra, como en todas las otras guerras. Y son los grandes, ricos y poderosos los que salen ganando, dado que tienen los recursos para alzar los niveles de violencia. Los militares de los Estados Unidos hasta tienen en su doctrina militar un nombre – ‘escalation dominance’ (poder de intensificación) – para designar este proceso, cuyo nivel ‘más alto’ es, por supuesto, la opción nuclear. Es lo que hicieron los romanos ante la sublevación judía: alzaron el nivel de violencia, y arrasaron con Jerusalén y la nación judía.

LOS CRISTIANOS Y EL IMPERIO, HOY

Como es sabido, Jesús nació en la periferia de un país pequeño que, a su vez, estaba en la periferia de un gran imperio. A sus seguidores les enseñó a mantener su dignidad y libertad frente a lo que podía presumirse como una inexorable opresión de su pueblo. La única esperanza que vislumbraban era que Dios les mandara un Mesías que cambiara milagrosamente el orden establecido, y les colocara en una situación de ventaja. Pero el Mesías no era así.

¿Qué tendría que haber dicho Jesús a los seguidores que vivían en Roma y eran ciudadanos romanos? Como San Pablo, que pasó la mayor parte de su tiempo en la cárcel, antes de ser ejecutado, al igual que muchos otros cristianos. Esto viene al caso porque tiene que ver con mi posición, y con la posición de millones de otros cristianos que viven en países del ‘Primer Mundo’, y es especialmente importante en el ‘occidente’ poscristiano o de cultura cristiana.

Nosotros estamos llamados, como decía Daniel Berrigan, a una praxis y a una teología de la ‘resistencia al Imperio’, desde su corazón. Estamos llamados a vivir en solidaridad con los pobres y crucificados en las márgenes del imperio, y con los pobres y olvidados, crucificados con una crucifixión distinta, que viven en su corazón. Gozamos de libertades semejantes a las de los ciudadanos romanos: ellos también votaban, por lo menos algunos. Estamos llamados a oponernos a las prácticas y políticas de explotación y opresión de las corporaciones y gobiernos presentes en nuestros países. Estamos llamados a hacer esto con espíritu de sacrificio, a seguir a Jesús en su vía crucis, a poner nuestros cuerpos en el camino, a salir de nuestras zonas de comodidad. Para nosotros, como para los ciudadanos romanos, es relativamente fácil hacer cuestionamientos. Pero en las márgenes del imperio, los pobres siguen siendo personas desechables, y los que se oponen al sistema siguen siendo ejecutados.

Un aspecto de nuestra realidad contemporánea del Occidente es que a causa de los progresos de la tecnología ya no necesitan a nuestros jóvenes (varones o mujeres) para combatir sus guerras. Todo lo que necesitan es nuestro silencio y nuestros impuestos. Por eso la no violencia tiene que tomar la iniciativa, tenemos que poner nuestros cuerpos en el camino de la maquina bélica y de la máquina empresarial, tenemos que estar dispuestos a pagar el precio de nuestras convicciones. Esto es algo que la gente puede considerar auténtico, no un discurso de palabras ineficaces como muchas veces se atribuye a las iglesias. Tenemos que reeducarnos para aprender a vivir con sencillez, a vivir la pobreza voluntaria teniendo en vista la pobreza de los pobres del mundo y no las comodidades, la amnesia y los sedantes de la industria del espectáculo. Tenemos que evitar ser como Pedro en el atrio del palacio, calentándose las manos con el fuego de los privilegios efímeros del imperio, mientras entre bastidores pueden escucharse los gritos de Cristo.

Vayamos, pues, a vivir con los pobres, a promover campañas, a protestar y resistir, a manifestar ante las oficinas o fábricas de las empresas mundiales, a organizar bloqueos, ocupaciones, a sentarnos sobre los techos: todo lo que sea no violento y legítimo, y al mismo tiempo inaceptable a los esquemas habituales, al sistema sucio y podrido, y al desorden establecido.  Podría parecer que nada puede cambiar, pero el imperio romano hace mucho tiempo que desapareció, y nuestra fe en Jesús permanece. Sabemos que las cosas cambian. Parafraseando a uno de mis profesores del seminario diocesano: ’si no te lavas, estarás cada vez más sucio’.

HISTORIA DE LA NO VIOLENCIA ACTIVA

Para encontrar una historia completa en un volumen pequeño, al menos en inglés, recomiendo el libro “Non-Violence – The History of a Dangerous Idea” (La no violencia: historia de una idea peligrosa), de Mark Kurlansky. En Inglaterra, Pax Christi publica también un folleto llamado “Nonviolence Works! – 60 nonviolent victories of the Past Century” (La no violencia funciona: sesenta victorias no violentas del siglo pasado).

Es necesario hablar de la no violencia activa, si más no fuera porque a menudo se confunde pacif–ismo con pasiv-ismo. Como cristianos, de ninguna manera podemos abdicar de nuestra responsabilidad ante el curso de la historia y ante la prevención o, al menos, la resistencia al mal en todas sus formas. No podemos ser pasivos. Por otro lado, no es nuestra tarea salvar el mundo, porque Dios ya lo ha hecho. Nuestra vocación es ser fieles al llamado de Dios, ser real y plenamente humanos como lo fue Jesús, ser lo que estamos llamados a ser, hijos de Dios, para poder reflejar fielmente el rostro de Dios a cuya imagen todos hemos sido creados.

Los que nos invitan a la guerra, los que ‘baten los tambores de guerra’, suelen pintar la situación en términos apocalípticos, habando de calamidades inminentes. Si no ‘hacemos algo’ se viene el fin del mundo, o al menos del mundo que conocemos. Y ese ‘algo’ que se nos invita a hacer se define como la cosa más drástica posible: como violencia y como guerra. Guerra y violencia que se consideran ‘eficaces’. Es cierto que a veces ‘funcionan’, al menos a corto plazo. Y por supuesto que en su conjunto la violencia tiende a funcionar para los que son poderosos en términos humanos, para los que son ricos  y comandan. Tiende a no ‘funcionar’ para los pobres e impotentes, porque no tienen recursos suficientes, no tienen suficiente ‘poder’.

Nos dirán también que la no violencia ‘no funciona’. Pero la historia demuestra lo contrario.  Así como el siglo XX fue un siglo de violencia y de guerras, también fue un siglo de no violencia. La no violencia es poderosa. Las luchas no violentas han cambiado el mundo. En Occidente, el movimiento en pro del voto universal logró que las mujeres pudieran votar. La no violencia de Gandhi obtuvo la independencia de la India y socavó mortalmente la justificación de los imperios. La no violencia de Martin Luther-King conquistó los derechos civiles para los negros de los Estados Unidos. Los movimientos de resistencia no violenta fueron un factor clave de la caída del ‘apartheid’ en Sudáfrica, del comunismo en Rusia y Europa oriental, y del régimen de Marcos en Filipinas. Los movimientos de resistencia no violenta jugaron una parte fundamental en la independencia de Timor-Este. Lo sé porque tuve parte, aunque muy pequeña, en ese proceso. Las rejas de arado Trident y Faslane 365, el ala de acción directa no violenta del movimiento antinuclear británico, han tenido una parte importante en el acercamiento del Reino Unido al desarme nuclear. En ello también tuve una pequeña parte. Y sé que hubo y hay muchos otros en todo el mundo.

No quiere decir que la no violencia ‘funcionará’ siempre. Humanamente hablando, nada funciona siempre. A menudo las fuerzas que se le oponen son demasiado poderosas. Walter Wink sugiere que los movimientos de resistencia no violenta se parecen en cierta manera a los movimientos de resistencia violenta: combatimos una guerra de guerrilla no violenta en la que la cosa más importante no necesariamente es ganar una batalla particular sino sobrevivir hoy para seguir combatiendo mañana.

En su libro “Engaging the Powers” (Comprometiendo a los poderes) Wink examina ‘cómo’ funciona. Por un lado, la fe en Dios o en la naturaleza humana lleva a pensar que la verdad y el amor hablan profundamente al corazón humano y que la exposición de la injusticia y la violencia a la luz de la verdad les hace mucho más difícil subsistir. Pero, por otro lado, basado en algunas observaciones psicológicas, Wink propone que es imposible que una persona experimente al mismo tiempo admiración y odio, y que es la admiración la que transforma.

 

Y cita dos casos. Uno, el de una señora que una noche se despertó y se encontró en la habitación con un hombre desconocido que la amenazaba. A pesar del susto, se puso a conversar con él. Con el pasar del tiempo se fue dando cuenta que el hombre se relajaba y se relacionaba bien con ella, y entonces le invitó a irse. El le dijo que no tenía dónde ir. Con la misma calma ella le respondió que podía quedarse, que le daría una frazada para que durmiera sobre el diván, y a la mañana le serviría el desayuno. Ella no pudo dormir en toda la noche, y a la mañana siguiente el hombre se fue. Otra historia fue la de una religiosa que vivía en una zona peligrosa de una ciudad. Una noche, cuando volvía sola a su casa sintió que alguien la seguía. Se dio vuelta, y vio cerca de ella a un hombre. Sin perder la calma  le pidió que le ayudara a llevar las bolsas de las compras. Desconcertado, el hombre aceptó la invitación y la acompañó sana y salva hasta su casa.

 

[Una acotación: creo que la admiración es una experiencia clave en todos los casos de transformación positiva. Citando a Dostoyevsky, Dorothy Day decía que “la belleza salvará al mundo”. Entendiendo por belleza no solo la belleza física sino también la belleza moral y espiritual. Así como también las acciones, las palabras y el espíritu de la gente. Y quizás sean todas estas formas de belleza las que puedan suscitar la admiración y una profunda ponderación que nos permita descubrir un lugar que no sabíamos que existiera. Una verdad que los católicos deberíamos conocer es que la Iglesia siempre confió en el poder de la belleza, como lo demuestran la arquitectura de las iglesias y el arte religioso, así como la liturgia. Grace era una mujer zimbabwense que hace unos años estaba parando con nosotros en la sede de los Trabajadores Católicos de Londres. Solía ir a las iglesias pentecostales, pero a veces también a iglesias católicas. Una vez le pregunté qué pensaba y qué impresión tenía de las iglesias y del culto católicos. Me respondió que los encontraba de una gran  ‘belleza’ y ‘dignidad’. La admiración frente a esta belleza es lo que determinó la conversión de Dorothy Day al catolicismo. Y creo realmente que la belleza en todas sus formas puede inspirarnos los valores y deseos más elevados, al contrario de otras cosas, como la prédica y oratoria apasionadas que pueden inspirar a la gente a hacer muchas cosas,  incluso las más indignas. En cambio, la verdadera belleza solo puede inspirar lo que es bueno, bello y verdadero].

Con esta acotación he querido simplemente indicar que en cierto sentido la confianza en la admiración  forma parte integrante de nuestra fe católica.

Personalmente, cuento también con algunas experiencias no solo de compromiso social por la no violencia en el contexto de la protesta política y del testimonio de la fe, sino también en un contexto, en cierto sentido más personal e igualmente vulnerable, de vida y trabajo entre los crucificados. Hace unos años, cuando vivía en la sede de los Trabajadores Católicos, fui asaltado. Mi adiestramiento en los instintos no violentos me ayudó a minimizar el daño personal y a no dar a los agresores lo que buscaban (en la oscuridad, junto a un canal, un grupo de adolescentes me agredió para quitarme el celular). Por una cuestión de principio no llamé a la policía, porque no creía que era la forma de romper el ciclo de la violencia. Pero por otro lado, en un determinado momento mi no violencia cedió y los agredí de palabra cuando parecían renunciar a su intento, y eso complicó las cosas por un rato.

 

En otra oportunidad me puse a mediar entre dos huéspedes de la olla popular de los Trabajadores Católicos que se estaban provocando mutuamente, uno amenazando con un cuchillo y el otro hecho una furia. Yo los conocía y tenía una relación bastante buena con ambos. A un cierto punto le pregunté al primero: Dean, “¿me vas a agredir a mí también?”. “Por supuesto que no”, me dijo, y eso me dio coraje para seguir mediando entre los dos. No había ningún otro en el lugar donde estábamos y era demasiado tarde para pedir ayuda. Tampoco en este caso quería llamar a la policía, si era posible evitarlo, y de todas maneras hubieran llegado tarde. Finalmente yo mismo logré calmar la situación. Después de eso quedé muy afectado, pero mi relación con aquellos dos hombres se fortaleció, y la presencia de ambos en la olla popular era muy discreta después de lo sucedido. Antes, eran de  nuestros ‘clientes’ más difíciles.

 

Otra vez, en la olla popular un muchacho polaco grande y robusto, de nombre Alex, me enfrentó con los puños alzados mientras yo trataba de desalojar el local. Se me paró delante y me desafiaba. Yo mantuve la calma y lo observé. Finalmente cedió, y se fue. Otro día escuché que comentaba con otro huésped: “Martín es un gran muchacho”.

 

En esos años teníamos también un bar comunitario, el Café Peters, en la cripta de la iglesia anglicana de San Pedro. Había un cliente, o huésped, muy parecido a los que describí anteriormente. Era muy agresivo, tenía la costumbre de usar un lenguaje poco respetuoso con las mujeres, y creaba un clima hostil y desagradable para todos, pero especialmente para las mujeres. Por un año o dos desapareció, pero volvió  y continuaba haciendo lo mismo. Le llamé la atención, tal vez no en la mejor manera posible. Me empezó a gritar, y entonces le dije que se fuera. Cuando menos me di cuenta me tenía contra la pared y me decía con tono amenazante: “me iré si te callas la boca”. Me callé, y se fue. Nunca más volvió. Una vez más, no quise llamar la policía. Por cierto que no aceptaba su violencia, pero tampoco quería recurrir a la violencia para que se fuera. No hay duda de que podía haber manejado mejor la situación, pero creo que mi calma y mi falta de temor o de cólera ayudaron.

 

En todas estas situaciones obtuve mi objetivo principal: impedir la violencia, proteger a los vulnerables, y evacuar el local sin recurrir a la violencia o a la fuerza (por ejemplo, llamando a la policía). Tanto la violencia como el hecho de llamar a la policía hubieran tenido graves consecuencias para la continuación de la olla popular, por varias razones (entre otras, porque funcionaba en una iglesia de las URC – Iglesias Unidas Reformadas -, que tenían que considerar a sus vecinos y a otros usuarios). Hubiera sido asimismo extremadamente perjudicial para la actividad del café como lugar seguro para estar. Creo que también había un efecto más importante que se pretendía en los tres que trabajaban en la olla popular (su conversión). Nos hicieron mucho menos problemas después, y respetaban mucho a los que nos encargábamos de ese lugar. Contribuyó a crear un clima de respeto y confianza que nos permitió continuar abriendo todos los domingos para un grupo de personas en lo que podía haberse llamado la ‘vanguardia’, y a veces era llamada  ‘murder mile’ (zona de homicidios), en un barrio muy peligroso de Hackney, en el extremo este de Londres. No quiero decir que todo fue un éxito. Unos años después Dean murió apuñalado en otro lugar. Me parece que Alex todavía trabaja en la olla popular. Winston, el tercero, fue tomado preso después de los disturbios de Londres [2010?], y cuando salió parecía un hombre quebrado. Había perdido toda la combatividad. Y quién sabe si no fue una cosa buena para él.

 

 No soy un especialista. No soy un teórico de la no violencia. Tengo algunas ideas sobre las formas mejores de tratar con la gente en situaciones conflictivas, tanto personales como políticas, pero no las he elaborado sistemáticamente.  Tengo, sí, un creciente caudal de experiencia que me dice que estoy en lo cierto, así como una confianza cada vez mayor de que se trata de una verdad evangélica y de una dimensión central del significado de la Pasión de Jesucristo. Lo cual se suma a los hechos que abundan en el ámbito más amplio del mundo.

Las Escrituras: el pacifismo y la no violencia activa en la vida, enseñanza y pasión de Jesús

Me gustaría comenzar con un texto del evangelio de Lucas leído con la ayuda del libro de Albert Nolan, “Jesus Before Christianity” (Jesús antes del cristianismo), escrito en la época del “apartheid” en Sudáfrica.

En Lc 13,1-5 , le cuentan a Jesús lo de “los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios”. Jesús responde que ellos no eran más pecadores que todos los demás galileos, como no lo eran “aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé”. Y dijo a los presentes: “si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”.

¿Por  qué he tomado este pasaje tan oscuro? Por un lado, precisamente por su oscuridad. Cuando leí el libro de Nolan, y después encontré esta referencia en el Nuevo Comentario Bíblico “San Jerónimo”, entendí el significado de este texto. El comentario de San Jerónimo dice que la torre de Siloé “era posiblemente un acueducto que transportaba el agua hasta Jerusalén, o una parte de las fortificaciones” y, de pasada, observa que “Jesús no se está refiriendo a la justicia de la causa de los celotas”. La historia de los galileos cuya sangre Pilato mezcló con la de los sacrificios evoca claramente eventos en los que, por lo que se sabe de otras fuentes, Pilato masacró a judíos porque que se habían rebelado contra la ocupación romana. ¿Por qué otro motivo lo haría? Se puede deducir, por tanto, que esas muertes eran el resultado de alguna acción celota contra la ocupación romana, tanto en el caso del incidente de la torre de Siloé como de la sangre de los galileos mezclada con los sacrificios.

Este texto oscuro tiene mucho más sentido en la perspectiva de Nolan, según la cual Jesús preveía la destrucción de Jerusalén. No en forma mágica, sino en la misma forma en que nosotros podemos prever el cambio climático y el calentamiento mundial si no cambiamos nuestro estilo de vida. O en la forma en la que los activistas antinucleares de los años cincuenta podían prever la guerra nuclear y la destrucción mundial si no se produce un cambio de corazón, o sea el arrepentimiento.

La consecuencia era que sus oyentes perecerían si no se arrepentían del odio que nutrían en sus corazones contra los romanos, y no buscaban formas no violentas para oponerse a la injusticia y opresión de la ocupación romana. Perecerían, como de hecho ocurrió cuando se produjo la sedición judía y los romanos aplastaron totalmente la rebelión  y destruyeron Jerusalén y sus habitantes. Fue la erupción final del (comprensible) odio y resentimiento del pueblo judío contra los ocupantes romanos lo que provocó su propia destrucción. Este era el elemento central de la invitación al arrepentimiento que Jesús hacía a la gent e de su tiempo. Cuando en el evangelio de Lucas Jesús lloró sobre Jerusalén, dijo: “Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz” (Lc 19,41-44), e inmediatamente después predice la destrucción militar de Jerusalén.

En los evangelios hay muchas referencias a Jesús que predice la destrucción de Jerusalén. Por ejemplo, es muy evidente en el capítulo 21 de Lucas, cuando Jesús dice: “No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida”. Y “oiréis también hablar de guerras y de rumores de guerra. Cuidado, no os alarméis… Entonces os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles…esto os sucederá para que deis testimonio…Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes”

Muchos especialistas dicen que estos textos fueron añadidos posteriormente, después de la sublevación judía y de la destrucción de Jerusalén. Muchos otros, cristianos del montón, pueden suponer que Jesús conocía estas cosas a causa de su naturaleza divina, que le permitía ver el futuro en una forma no accesible al resto de nosotros. Pero en los evangelios Jesús nos dice que tenemos que leer los signos de los tiempos. Después de los textos anteriores, inmediatamente después de haber predicho la destrucción y de decir a sus seguidores de huir cuando está por suceder, Jesús dice: “mirad la higuera… cuando ya echa brotes, al verlos, sabéis que el verano está cerca” (Lc 21,29-30).

Por lo tanto, Jesús está invitando a un cambio de corazón, a arrepentirse del odio contra los ocupantes romanos. ¿Está con ello invitando a su pueblo a desistir de la lucha por la liberación frente a la ocupación y opresión extranjeras? ¿Es eso lo que significa la no violencia?

Walter Wink examina atentamente los textos fundamentales del Sermón de la Montaña en el que Jesús dice ‘amad a vuestros enemigos… orad por los que os persiguen… ofrece la otra mejilla…. si te quitan la túnica, deja también el manto…. si te obligan a caminar una milla, camina dos….”  Analiza el significado de estos mandamientos en su contexto. Son todas situaciones en las que una persona oprimida no tiene prácticamente ningún poder, y Jesús está brindando a sus oyentes una forma de afirmar la propia dignidad y libertad en medio de su impotencia, y de dejar mal parado al opresor, descolocándolo.

Esto es exactamente lo que Jesús mismo hizo durante su pasión, cuando es ‘juzgado’ ante el sanedrín y ante Pilato. Por lo general se rehúsa a responder a las preguntas que le hacen. Pero cuando habla, las más de las veces les cuestiona: “Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”, “¿dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?” En su silencio y en sus palabras se está rehusando a aceptar el derecho y el poder de sus perseguidores a definir la situación y a salir con las suyas. Mateo afirma que Pilato “estaba muy sorprendido” (Mt 27,14).

Incluso en la vía dolorosa y sobre la cruz, Jesús practica exactamente el amor a los enemigos que había enseñado: habla con gentileza a las mujeres de Jerusalén, no se queja, y hasta reza por los que lo están ejecutando: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Y mantiene su dignidad, incluso en los momentos de mayor desesperación, cuando cita las Escrituras judías: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Jesús está propugnando una forma de resistencia no violenta a la injusticia y a la violencia. Las tres sugerencias del ‘Sermón’ son eso mismo, sugerencias, no esculpidas en piedra para ser cumplidas ciegamente. Jesús mismo condujo un teatro ambulante no violento en su entrada a Jerusalén el Domingo de Ramos, cuando entró en la ciudad montado sobre un asno (no sobre un caballo, que era un animal militar comparable a un tanque, y era la forma habitual en que entraban los reyes en la ciudad),  imitando al rey Salomón, y declarándose portador de un reino de paz a la tierra. O sea, como un Mesías no violento.

Asimismo, la purificación del templo fue un acto simbólico dirigido contra el sistema del templo, que era el corazón de la colaboración judía con los romanos, así como el lugar donde la élite local tenía su base desde la cual explotaba a su propio pueblo. Por ejemplo, durante la sublevación judía, una de las primeras cosas que hicieron los rebeldes fue quemar los registros de las deudas que se guardaban en el templo, ya que la acumulación de deudas relacionadas con el pago de impuestos era la forma en que se quitaban a los campesinos sus tierras ancestrales y se los reducía a trabajadores sin tierra.

Por otro lado, cuando el centurión romano le pide que cure a su criado (¿supuestamente judío?), Jesús no lo agrede sino que se manifiesta dispuesto a ayudarle. Si hoy en el Reino Unido, y estoy seguro que también en otras partes, se sugiriera a un soldado que abandonara el servicio militar, se lo consideraría una grave ofensa, ‘una incitación a la desafección’. Jesús elegía los momentos para atacar la injusticia de la ocupación y a sus colaboradores, ni más ni menos como haría hoy cualquiera que luchara por un cambio social radical. Pero ese no era el momento para la contraposición sino para la construcción de puentes y el establecimiento de lazos con un integrante del grupo enemigo que simpatizaba con el pueblo judío y estaba abierto a su sabiduría y a su fe.

CONCLUSIÓN

 No soy un especialista. No soy un teórico de la no violencia. Tengo algunas ideas sobre las formas mejores de tratar con la gente en situaciones conflictivas, tanto personales como políticas, pero no las he elaborado sistemáticamente.  Cuento, sí, con un creciente caudal de experiencia que me dice que estoy en lo cierto, así como una confianza cada vez mayor de que se trata de una verdad evangélica y de una dimensión central del significado de la Pasión de Jesucristo. Y de que, por tanto, una dimensión clave de la ‘memoria passionis’ para nuestros tiempos consiste en revivir la realidad de la pasión confiriendo realidad y poder al amor activo no violento.

Walter Wink pasó mucho tiempo en Sudáfrica durante la época del ‘apartheid’. Fue un período fundamental para él. Dice que una vez, en una reunión parroquial, planteó un desafío a la comunidad. “Dejen de hablar de violencia, les dijo, ya que de todos modos ninguno va a optar por la lucha violenta. En cambio, no hay nada que objetar al uso de métodos no violentos. Déjense de teorizar, y opten por la lucha no violenta a favor de la liberación y la justicia”. Creo que en esto estamos plenamente de acuerdo.

11 comments on “La Acción no violenta hoy, por Martin Newell

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